Mexico City: Presencias Urbanas

Chad Santos Photography
Chad Santos Photography

Unos de mis recuerdos más tempranos de la Ciudad de México es de una mañana en el sur de la ciudad, caminando sobre Avenida Universidad hacia Metro Quevedo, contemplando y asombrándome del ajetreo de aquella mañana de sábado, del flujo de gente y de auto. Conforme me iba acercando a la entrada del metro percataba como la vida fluía sobre planos contradictorios. Los autos, la gente, la sonoridad y los tempos se movían y expresaban en corrientes que chocaban, necios y tercos en su fluir.

Dentro de este ecosistema caótico se suponía que teníamos que coexistir. En estas condiciones extremas muchos agrandamos nuestras necesidades, ignorando los sufrimientos ajenos.

Estos silencios y ausencias los he vuelto a ver y sentir a través de todo el tiempo viviendo en el DF. Caminando y reventándote de alegría en una noche de fiesta en la ciudad, tienes todo a la mano, unos chicles unas rosas unos cigarros. En el metro te venden todo lo que ofrece un OXXO a un cuarto del precio. Gozas de entretenimiento de clase mundial de malabaristas, tragafuegos, payasos y acróbatas en cualquier intersección de la ciudad.

Esto es el paralelismo y contradicción del mundo chilango. Diversos especies de chilangos quedan relegados a los distintos planos que dividen y conforman la panorama citadina. En las colonias a donde algunos acuden por un buen café, orgánico y muy local, debajo de las terrazas cubiertas de los edificios, gente degusta de una ensalada de quinoa mientras que a sus pies una persona pide en silencio el apaciguamiento de su hambre. Por las calles del Centro, en donde la grandeza del legado intemporal se mezcla con la decadencia y la pobreza urbana, la gente camina entre los edificios maravillándose del esplendor del espíritu humano mientras ignorándolo en su peor y más olvidado estado.

En mi travesía por la ciudad, viajo ensimismada, pues me ocupo con resguardar mi confort y supervivencia, evitando el contacto visual, fingiendo apatía y fastidio, apresurando el paso, e ignorando y suprimiendo la tormenta que brota dentro de mi. Al fin, me resulta más cómodo aguantar la culpabilidad y evitar la mirada que enfrentar el rostro del hombre trabajando de tragafuegos, del niño que toca el acordeón en el Centro todas las noches, de la pequeña niña vestida de payasita, de la madre que se sienta, todos los días, por la entrada del Metro Quevedo con sus pequeños hijxs a vender dulces de amaranto.

Contemplarlos, como si su hambre y necesidad se fundiera con el paisaje urbano, convirtiéndolos en abstracciones urbanas, notas de pie en la crónica de la ciudad que cuenta con los centros comerciales y la trasplantación de la cultura yankee como protagonistas.

Pues, el hambre y la pobreza sí tiene rostro. Son niñxs, gente, humanos que agrupamos con millones de otrxs bajo la etiqueta “chilango”, miembro humano de la población urbana de la Ciudad de México.

Advertisements

Published by

bbautistanidia

Soy mujer que escribe, mujer que ama. Viviendo entre México, D.F. y Los Ángeles, California, soy perpetuamente una mujer y amante transfronterista. Soy la mujer que vive y piensa y algún día, como escribió Giocondo Belli, mis ojos encenderán luciérnagas.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s